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LA ETAPA DE MAÑANA – AVANCE Y LEYENDAS

Posted by on 11/06/2011

He dejado lo mas facil para el final por una sencilla razón, quiero disfrutar la llegada a Santiago lo mas fresco posible, por que llegar a Obradoiro exige los 5 sentidos.

Es la tercera vez que llego como peregrino, pero siempre es diferente.

LA ETAPA – Arzua – Santiago de Compostela
DISTANCIA – 42 km’m
PASOS – Rua, Lavacolla, Monte do
Gozo

CURIOSIDADES Y LEYENDAS

Lavacolla: los hábitos higiénicos de los peregrinos

Por Lavacolla, donde está actualmente ubicado el aeropuerto de Santiago de Compostela, pasa un arroyo que Picaud sitúa “en un paraje frondoso por el que pasa, a dos millas de Santiago, donde los peregrinos de nacionalidad francesa que se dirigían a Santiago se quitaban la ropa y, por amor al Apóstol, solían lavarse no sólo sus partes, sino la suciedad de todo el cuerpo”. De esta costumbre, al parecer, surgiría el nombre del enclave, derivado de “lava cola”. Picaud llama al lugar Lavamentula (mentula en latín es miembro viril) en tono jocoso. La verdad es que no parece que dicha costumbre estuviese muy extendida entre los peregrinos cuando en la catedral tuvieron que recurrir a un invento como el botafumeiro para combatir el mal olor que despedían los peregrinos durante las celebraciones litúrgicas.

Otra explicación busca el origen de la denominación derivándola de la práctica de los señores de lavar aquí sus “collas” (esos altos cuellos acanalados propios de las indumentarias de otras épocas) para llegar lo más elegantes posible a la ciudad.

Los reyes de los peregrinos

Muy cerca de Santiago de Compostela queda el Monte do Gozo. El nombre obedece a que desde su cima ya se pueden apreciar las torres de la catedral. También se le llama Monxoy, al parecer derivado de los gritos de alegría en que prorrumpían los peregrinos franceses al alcanzar la cima; “Mon joie! Mon joie!” que viene a ser “Mi felicidad!”. Como muestra de respeto, siempre ha sido tradición que desde este punto hagan el último tramo a pie quienes hasta aquí llegaron a caballo.

Es tradición que todavía se conserva disputar una carrera entre los diferentes peregrinos que forman un grupo para ver quién alcanza primero la cima. Ese peregrino es nombrado “Rey de la peregrinación”, y esto queda reflejado por sus compañeros en el reverso de la “Compostela”. Es posible que esta costumbre, a lo largo de los siglos, haya dado origen a apellidos muy populares en España y resto de Europa como Rey, Roy, Leroi, etc.

La entrada en Compostela y la leyenda de Juan Tourón

En el descenso del Monte do Gozo encontramos la ermita de San Lorenzo donde, según la tradición, descansa el cuerpo del peregrino lorenés muerto en los puertos de Cisa, allá por Navarra, y abandonado por todos sus compañeros salvo por uno, cuya leyenda ya hemos narrado.

Por fin entramos en Compostela. El origen del nombre cuenta con varias explicaciones; la más popular lo hace derivar del “campus stellae”, campo de estrellas en latín, aunque otros prefieren explicaciones un poco más esotéricas como la que lo hace derivar del “compos stellae” o maestro de las estrellas. Por último, podría derivar del latín “compositum stellae” o cementerio de estrellas, el lugar en el que murieron y quedaron aquellas estrellas vistas por el eremita Pelagio.

Se entra en la ciudad por la puerta del Camino, enfilando la Rúa dos Concheiros (se les llama así por extensión a los peregrinos, aunque originalmente era la denominación de quienes les vendían las conchas de vieira) para entrar en el casco antiguo por la estrecha Rúa de San Pedro. Sale a nuestro camino el convento de Santo Domingo de Bonaval y al Crucero Bonito, escenario de una leyenda que cuenta cómo Juan Tourón, uno de los principales caudillos de la revuelta de los Irmandiños, una vez capturado y condenado a muerte pasó por este lugar camino del cadalso y aquí se arrodilló invocando a la Virgen. Al parecer, la invocación utilizada, “Ven e valme”, fue el origen del nombre del convento (Bonaval) y surtió su efecto, pues se cuenta que en ese mismo momento el llamado Home Santo cayó fulminado al instante librándose así de la humillación de una ejecución pública.

Ritos del peregrino en la catedral

Por la enlosada Rúa das Casas Reais desembocamos en la Plaza de Cervantes. Desde ahí, por la Rúa Azabachería hasta la Plaza de la Inmaculada donde buscamos la puerta de la Catedral. Si es Año Santo, es decir, si el día de Santiago cae en domingo buscamos por la Vía Sacra la Puerta Santa o de los Perdones, que se abre el 31 de diciembre del año anterior al Año Santo y se cierra, tapiándola, a los 365 días. Se considera una señal de buena suerte para el peregrino hacerse con alguno de los cascotes o fragmentos del tabique derribado. Si entramos por la Puerta Santa, es costumbre mojar los dedos en el agua bendita y pasarlos por las cruces que adornan las jambas. En esta zona del interior de la cabecera del templo se sitúa una cruz en el punto donde estuvo ubicada la famosa Cruz dos Farrapos, donde los peregrinos colgaban los andrajosos ropajes (farrapos o harapos) utilizados durante la peregrinación para ser quemados después.

Si la Puerta Santa no está abierta, buscaremos la Puerta de la Azabachería y el contiguo Pórtico de la Gloria, cima del románico mundial y obra del insigne y misterioso maestro Mateo. Colocamos nuestros dedos en las oquedades abiertas en su parteluz a fuerza de realizar este mismo acto millones de peregrinos. Este parteluz es conocido como el Arbol de Jesé y es tradición que al posar los dedos en sus oquedades el peregrino rece cinco oraciones y solicite tres gracias al entrar por primera vez en la catedral. Junto al Pórtico se halla una imagen arrodillada llamada el Santo dos Croques o Santo de los Coscorrones y se identifica tradicionalmente con el retrato del maestro Mateo. Es tradición entre los santiagueses golpear suavemente la cabeza de los niños contra la de la imagen para adquirir así su sabiduría. Esta tradición se ha convertido también en costumbre peregrina. De ahí el nombre de Santo dos “Croques”, onomatopeya de cabezazo o coscorrón.

Antes o después de misa, descendemos a la cripta para honrar la urna de plata que custodia los restos del Apóstol. A continuación, una visita a la imagen del Apóstol para darle el tradicional abrazo (antiguamente los peregrinos le colocaban a la figura en ese momento su sombrero). Concluido el ritual, en la cercana Oficina del Peregrino recogemos nuestra Compostela que nos acredita como peregrinos.

Si hemos andado listos, podemos reponer fuerzas en el impresionante Hostal Reyes Católicos, ya que una vieja tradición que aún se conserva otorga desayuno, comida y cena gratis en este lugar a los 10 primeros peregrinos que cada día acreditan su llegada a la ciudad. En cualquier caso es muy recomendable “ir de tazas” a tomar ribeiros y picar tapas variadas por las calles Franco y Raiña.

El ritual de la apertura de la Puerta Santa

Presiden la Puerta Santa en su exterior 24 figuras talladas en granito por el Maestro Mateo, la mayor parte de las cuales proceden del antiguo coro románico y algunas de ellas muestran curiosos rasgos orientales. La Puerta Santa permanece tapiada hasta la tarde del 31 de diciembre del año anterior al declarado Año Santo, momento en que se celebra el ritual de su apertura.

Preside el acto el arzobispo de la ciudad acompañado de las autoridades civiles. Golpea en tres ocasiones la puerta con un martillo dorado que se le ofrece en bandeja de plata mientras pronuncia las palabras siguientes: “¡¡Abridme las puertas de la justicia. Al entrar por ellas confesaré al Señor!!”A continuación dos sacerdotes proceden a lavar las jambas de la puerta mientras otros entonan salmos de alabanza y los albañiles, al otro lado de la tapia, inician su derribo. Durante todo el Año Santo la Puerta Santa permanecerá franca para peregrinos y visitantes hasta que el 31 de diciembre, un año justo después de su apertura, el arzobispo coloca la primera piedra del nuevo muro que se levantará para tapiar la Puerta hasta el siguiente Año Santo.

El maestro Mateo y el Pórtico de la Gloria

Si hay un maestro cantero del estilo románico reconocido a todos los niveles, ese es el maestro Mateo. Pocos datos fidedignos han llegado hasta nosotros de este insigne constructor y escultor. No se sabe dónde nació ni el lugar donde murió y fue enterrado. Se sabe que estuvo en Galicia desde 1.166 hasta 1.202. Corría el año 1.187 cuando, siendo rey de León Fernando II, este monarca ordenó la construcción de una nueva iglesia catedral en Santiago ante la imagen de desolación que ofrecía la anterior, varias veces arrasada y saqueada por los musulmanes durante sus correrías e incursiones en años anteriores.

Reunido con el obispo Suárez de Deza, el monarca llamó a una persona que viajaba en su corte, un hombre menudo, de rostro enjuto y cabello ensortijado, al que presentó al obispo como el arquitecto de palacio. No era otro que el maestro Mateo, a quien se encomendó la dirección de la obra.

Aunque algunos expertos le atribuyen obras como la iglesia de San Nicolás de Portomarín, el trabajo más sobresaliente del maestro Mateo es sin duda el Pórtico de la Gloria. Considerado la obra más sobresaliente del arte románico mundial, para muchos expertos el maestro se adelantó a su tiempo en varios siglos y constituye uno de los hallazgos más sobresalientes del arte universal. Destacan de la obra los 24 ancianos del Apocalipsis portando instrumentos musicales de la época, alguno de ellos desconocidos por entonces en Galicia, de forma que se concluye que el maestro fue experto en música o se asesoró por uno para realizarlos. Estas esculturas han servido a los estudiosos de música antigua por su realismo y nivel de detalle en la ejecución. Igualmente son destacables las imágenes del profeta Daniel que, con sonrisa para algunos definitivamente provocativa, mira a la reina Esther que no le sostiene la mirada. Esta talla de Esther mostraba originalmente unos exagerados atributos femeninos que fueron rebajados por orden de un obispo compostelano hasta dejarlos en su tamaño actual para poner coto a las bromas y constantes comentarios obscenos que entre peregrinos y visitantes provocaba. El apóstol Santiago está representado dos veces, una como uno más de los apóstoles, la otra en Majestad, debajo del Pantócrator y portando un bastón en forma de “tau”

De espaldas al Pórtico de la Gloria, la imagen del Santo dos Croques. La tradición asegura que el representado no es otro que el maestro Mateo, que originalmente había colocado su imagen en el tímpano del pórtico. Se cuenta que el obispo, para castigar su soberbia, le ordenó quitar la talla y situarla de espaldas al pórtico para que nunca pudiese disfrutar de su obra.

Finalizados sus trabajos en la catedral de Santiago, el maestro Mateo fue premiado por el rey de León con una renta vitalicia de cien maravedíes anuales. También cuenta la leyenda popular que, finalizadas las obras, el pueblo le arrancó los ojos para que no pudiera repetir en otro lugar un trabajo de semejante calidad.

El botafumeiro

Uno de los elementos más característicos de los que está dotada la catedral de Santiago es su famoso botafumeiro, un gigantesco incensario que, colgado del techo, se balancea sobre las cabezas de los feligreses impregnando el ambiente del olor al incienso o substancias aromáticas quemadas en su interior. El primero de su especie parece que se instaló en los siglos XIII o XIV y tuvo como finalidad disimular o espantar la pestilencia que en la catedral imperaba fruto de las costumbres poco higiénicas de los peregrinos. Esta parece la explicación más plausible aunque hay quien defiende que su función original fue únicamente la de dar solemnidad a los actos litúrgicos.

El instrumento actual es el cuarto de la historia de la catedral. El primero fue sustituido por otro en el año 1.530, que a su vez fue robado por los franceses durante la Guerra de la Independencia. El tercero prestó sus servicios hasta 1.851, año en que se vio sustituido por el actual. Actualmente sólo se pone en funcionamiento en las grandes celebraciones religiosas y todos los domingos del Año Santo. Para ponerlo en marcha es balanceado por siete “tibuleiros”, saltando uno de ellos sobre el incensario para detenerlo. Se dice que el humo que expide tiene propiedades terapéuticas para ciegos y tuertos, tartamudos y personas que sufren de afecciones respiratorias.

Impresiona e infunde cierto temor contemplar su balanceo sobre las cabezas de los fieles, temor justificado pues se tiene noticia de que al menos en tres ocasiones el gigantesco incensario se soltó de la cadena que lo sujeta y salió volando, aunque por suerte sin causar víctimas mortales. La más célebre de estas ocasiones tuvo lugar en 1.499 en presencia de Catalina de Aragón, la que sería reina de Inglaterra.

Otras curiosidades de la catedral de Santiago

La catedral de Santiago es un claro exponente de llamado “arte de las peregrinaciones”. Iglesias a cuya planta tradicional se incorpora un nuevo elemento arquitectónico denominado girola. La girola es una especie de pasillo que rodea por su parte trasera el altar mayor y da entrada a capillas abiertas en los muros. Este mecanismo permite el tránsito de millares de peregrinos que visitan las reliquias e imágenes expuestas en sus capillas laterales sin entorpecer los oficios religiosos celebrados en el altar mayor. La novedosa estructura se completa con la habilitación de un triforio, galería superior que rodea toda la iglesia sobre sus naves laterales.

Curiosa es la gran cantidad y variedad de marcas de cantero que proliferan en la catedral, especialmente en la nave del Evangelio. La marca de cantero es el sello o símbolo que identificaba a cada una de las logias o grupos de canteros y albañiles que participaron en la construcción de la catedral. Muchos de estos símbolos fueron con posterioridad utilizados por las logias masónicas.

En la capilla de la Corticela, al otro lado de la puerta de Praterías, se encuentra una talla de Nuestro Señor del Huerto con una pequeña cesta junto a él en la que no es extraño encontrar papelitos y notas dejados por los estudiantes, ya que la talla tiene fama de prestar oídos a las peticiones de ayuda en tiempos de exámenes.

Algunos curiosos vestigios históricos perviven hasta la actualidad en la catedral. Dos ejemplos son paradigmáticos: la celebración anual el día 6 de agosto de una misa por el alma del emperador Carlomagno y el alumbrado en el Altar Mayor desde 1.340 de cuatro velas por encargo de Alfonso XI como acción de gracias por la victoria de El Salado sobre las tropas musulmanas.

También se tiene noticia de que en el siglo XVI el Conde de Altamira gozaba del privilegio de escuchar misa en la catedral montado sobre su caballo dotado de herraduras de plata a cambio de hacer donación del caballo, la lujosa silla de montar, los costosos arneses y su armadura.

Durante los primeros siglos de su existencia, la catedral de Santiago fue profanada y saqueada en varias ocasiones por las tropas musulmanas durante sus incursiones a territorio cristiano. La más famosa de todas fue la protagonizada por el caudillo Almanzor. Cuentan las crónicas musulmanas que cuando llegó a la ciudad la encontró desierta, lo mismo que la iglesia en la que únicamente un viejo monje oraba ante la tumba del apóstol. Almanzor le perdonó la vida y se cuenta que, a pesar de que abrevó a su caballo en la pila bautismal del siglo IX conservada hasta la actualidad, respetó los restos del apóstol. Posteriormente capturó a 4.000 campesinos gallegos a los que obligó a cargar sobre sus hombros las puertas de bronce de la catedral y sus campanas para de esta forma trasladarlas hasta Córdoba donde colgó las puertas de las cúpulas de la mezquita y utilizó las campanas como gigantescas lámparas para iluminarla. Cuando Fernando III conquistó esta ciudad en el siglo XIII recuperó estas pertenencias devolviéndolas a la catedral obligando a los cautivos musulmanes a trasladarlas a hombros.

Un obispo muy peculiar

Si a lo largo de su historia la diócesis de Compostela fue ocupada por personajes pintorescos de todo tipo y condición, sin duda se lleva la palma don Pedro Muñiz, que ejerció su cargo en el siglo XIII y está enterrado bajo una lápida de bronce junto a la imagen del Santo dos Croques. Tuvo fama de gran polemista, amigo de Papas y reyes y, sobre todo, de nigromante o brujo. Se cuenta que encontrándose en Roma durante una visita a su amigo el Papa Inocencio III, sintió en época navideña una terrible nostalgia que no pudo soportar así que, utilizando sus artes sobrenaturales, salió volando entrando por los aires en la catedral cuando los religiosos se disponían a cantar los maitines. Aterrizó en su sillón causando el pavor y la estupefacción entre los testigos.

El Hostal de los Reyes Católicos

El hostal de los Reyes Católicos ostenta en la actualidad unas cadenas que cierran su fachada como motivo ornamental. Sin embargo, en su origen fueron símbolo de protección para muchos delincuentes. El motivo es que el hostal, como fundación real, ofrecía a los delincuentes la posibilidad de que una vez que cruzasen las cadenas que rodeaban el edificio solo fueran juzgados por el administrador, que únicamente respondía ante el rey y el Papa por sus actos. Se excluían de este privilegio los acusados de crímenes graves como la violación o el asesinato.

Además de hospital, el hostal de los Reyes Católicos prestó sus servicios como hospicio para niños huérfanos o abandonados, que eran entregados a través del torno. Los infantes eran cuidados por amas de cría de los alrededores de la ciudad a cambio de un salario hasta que cumplían tres años. Entonces volvían al hospicio para aprender un oficio o entrar en la vida monástica. Esta costumbre fue objeto en su tiempo de múltiples bromas por parte de los estudiantes, que abandonaban en el torno muñecos o bultos simulando ser bebés.

La orden de San Francisco y Santiago de Compostela

Cuenta la leyenda que cuando San Francisco de Asís finalizó su peregrinación a Compostela se alojó en una ermita dedicada a San Payo muy cerca de la cabaña de un carbonero llamado Cotolay, que rápidamente se convirtió en uno de sus discípulos más devotos. Al parecer, el santo italiano tuvo un sueño en el que Santiago le sugería la conveniencia de fundar un monasterio en la ciudad por lo que, conseguido el solar para la construcción, encargó al carbonero que iniciase las obras. Éste quedó estupefacto ante semejante encargo desprovisto de los necesarios fondos para su ejecución, así se lo manifestó al santo y éste le ordenó cavar junto a una fuente. El carbonero así lo hizo y excavó varios metros de profundidad sin perder la fe hasta que encontró un cofre repleto de riquezas con las que pudo llevar a cabo la obra encargada. Hasta día de hoy se asegura que los restos del carbonero descansan en la iglesia de los franciscanos como asegura una lápida. Hay quien resalta en esta leyenda ciertas evocaciones alquímicas y, por otro lado, nada tendría de extraño que sea el origen de la popular expresión “tener una fe de carbonero”.

También se cuenta que durante el siglo XV un obispo de Santiago que viajó a Noia perdió su anillo durante el viaje y, a pesar de que ofreció como recompensa una talla de plata de San Antonio, no lo pudo hallar. Pasado un tiempo, durante una cena celebrada en su palacio, uno de los comensales encontró el anillo dentro de un pez que lo había tragado y provenía de una donación realizada por el convento de San Francisco de Noia, a donde al fin fue a parar la talla prometida.

Esta talla fue con posterioridad empeñada a cambio de una pequeña suma y la víspera de San Antonio el prior de los franciscanos acudió al prestamista para que le permitiese exhibir la imagen al día siguiente. El comerciante accedió pero al ir a recogerla encontró que la talla había desaparecido. Cuando el prior llegó a contar las novedades, uno de los monjes le contó que la imagen estaba en el retablo del convento. Ante semejante prodigio, el prestamista perdonó la deuda a los franciscanos.

Se recuerda también en Santiago la historia de un joven peregrino que, llegado a la ciudad, ingresó en un monasterio franciscano. Con el paso de los años se le hizo imposible ocultar por más tiempo su secreto y fue enviado a un convento de clarisas de otra ciudad. Así supieron los monjes que durante años habían convivido con una mujer.

En el convento de Santa Clara, la orden femenina franciscana, de la ciudad de Compostela vivió una religiosa que, ante la vista de los millares de peregrinos que visitaban la ciudad, no aguantó la tentación de convertirse en uno de ellos. Como quiera que la monjita estaba encargada de las labores de portera, un buen día escondió las llaves entre los ropajes de una talla de la Virgen y se echó a los caminos con intención de peregrinar a Roma. Pasados los años y cumplido su deseo, la mujer regresó y contó su historia. Nadie la creyó porque no fue echada en falta ya que sus labores las había realizado una compañera, “un verdadero ángel” según las hermanas. Tanto insistió que fueron a comprobar si las llaves se ocultaban donde decía la monja y allí las encontraron. Del “ángel” que realizó sus funciones durante su ausencia nunca más se supo. La talla de la Virgen de las Llaves se conserva todavía en el convento.

Los milagros de Santiago

Cuenta Aymeric Picaud en el Códex Calixtinus que en tiempos de Teodomiro, el obispo que halló la tumba con los restos de Santiago, un confesor impuso a cierto pecador italiano la penitencia de peregrinar a Santiago y allí solicitar personalmente al apóstol el perdón de sus graves pecados. Llegado el peregrino ante la tumba del apóstol, depositó ante su imagen un escrito en el que se describían los pecados cometidos y se solicitaba el perdón de los mismos. Cuando al día siguiente fue el obispo a celebrar misa y encontró el papel ante la imagen quiso saber a quién pertenecía y el peregrino se presentó contando su historia. El obispo abrió el papel y, viendo que estaba en blanco, consideró este prodigio una manifestación del perdón directamente otorgado por Santiago negándose a imponer al peregrino penitencia alguna y despidiéndolo en paz.

Se cuenta también en el Códex que cierto caballero francés que peregrinaba a Santiago encontró en el camino a una anciana cargada con una pesada alforja que se dirigía también a la tumba del apóstol. La mujer solicitó al caballero que cargase la alforja a la grupa del caballo para facilitarle el caminar, éste accedió y así siguieron el viaje juntos. Pasados los días encontraron a un agotado peregrino al que el francés le facilitó su cabalgadura. Siguieron así los tres, el caballero caminando apoyado en el bordón del pobre peregrino y cargando con la alforja de la anciana. Cuando llegaron a Santiago el caballero se encontraba tan agotado que pronto entró en un estado de postración que lo llevó al borde de la muerte. Quienes lo rodeaban le preguntaban si quería recibir los santos óleos pero nada respondía y parecía completamente ausente. Así pasaron varios días hasta que volvió en sí y contó cómo durante días varios demonios lucharon por llevárselo a los infiernos hasta que se presentó Santiago en persona armado con el bordón del mendigo y las alforjas de la anciana a los que el caballero había ayudado y así espantó a los diablos enviándolos a su lugar de origen. Dispuesto así a entregar su alma, recibió el santo sacramento y dando gracias al apóstol que lo había salvado, expiró.

Un mercader catalán peregrinó a Santiago y solicitó al apóstol que, en caso que de cayese cautivo durante uno de sus viajes de negocios, le liberase de las cadenas. Ocurrió en efecto que el comerciante cayó cautivo de los sarracenos y pasó de dueño en dueño. En cuanto un nuevo dueño le colocaba las cadenas, éstas se rompían pero en ninguna ocasión el catalán logró huir. Llegado al límite de sus fuerzas, el comerciante rogó al apóstol con especial devoción y éste se apareció en persona recriminándole que cuando le había pedido siempre la libertad del cuerpo y no la del alma, pero que Dios perdonaba su olvido y por medio del apóstol le liberaba. Recobrada la libertad, tomó parte de las cadenas que lo habían amarrado y peregrinó a Santiago para colocarlas a los pies del apóstol.

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