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LA ETAPA DE MAÑANA – AVANCE Y LEYENDAS

Posted by on 31/05/2011

Tras el descanso voy a contaros que me espera mañana

2 ETAPA: Roncesvalles – Puente la Reina
DISTANCIA: 66 km’s
ALT. MINIMA: 345
ALT. MAXIMA: 922
PASOS: Zubiri, Villaba, Pamplona, Alto del perdón.

CURIOSIDADES Y LEYENDAS

Tierra de agotes

Fueron estas tierras lugar de asiento de agotes, una extraña casta marginada en múltiples aspectos de la vida social. Se desconoce su origen o la característica que los marginó. Hay quien piensa que se trató de leprosos congénitos, otros los identifican con cristianos nuevos o herejes cátaros y hay quien piensa que se trataba de los pobladores originarios de la zona que conservaban ritos y prácticas paganas y precristianas. Se les atribuían enfermedades incurables, incluso se decía que tenían rabo y que los lóbulos de sus orejas estaban pegados al cráneo. Sólo se sabe a ciencia cierta que vivieron en guettos apartados del resto de la población, que tenían sus propias puertas de acceso y pilas de agua bendita en las iglesias y que se les daba de comulgar con pinzas ya que ningún buen cristiano podía tener contacto físico alguno con ellos. Un halo de misterio rodea a esta comunidad y no falta quien los relaciona con la Orden del Temple, para quienes se asegura que trabajaban como operarios, ya que se les identificaba con símbolos como el caracol o la pata de oca, ambos de innegables evocaciones templarias.

El caserío maldito

Aunque aquel caserío había conocido mejores tiempos, en aquel entonces era habitado por una familia cuya pobreza rayaba en la miseria, lo que les impedía socorrer a los numerosos peregrinos que a diario acudían solicitando limosna. Una mañana llegó un peregrino especialmente andrajoso. La casera, sin abrir la puerta lo despidió con unas amables palabras asustada ante el extraño fulgor que sus ojos despedían. El peregrino abandonó el lugar no sin antes blasfemar horriblemente y lanzar una maldición sobre el caserío.

A partir de entonces comenzaron a ocurrir las cosas más extrañas sin encontrar los moradores explicación alguna; primero el agua del pozo tomó un color rojizo semejante a la sangre, más tarde el humo no quería salir por la chimenea e invadía la vivienda, una noche se oyeron ruidos de cadenas arrastradas por el desván y después un fuerte temblor hizo estremecerse la casa. Finalmente la casera comenzó a consumirse hasta que murió.

Meses después, una tarde que el casero regresaba al hogar acompañado de su hijo menor encontraron en el camino a un extraño personaje ataviado con capa escarlata que despedía un extraño fulgor en su mirada. El padre murió en el acto y el niño quedó inconsciente. La curandera del lugar, tras intentar algunos remedios, dictaminó que el muchacho estaba poseído por el diablo y que solo ofrecer a éste trece tiras de piel de cualquiera de los presentes lo curaría. En ese momento un rayo calló sobre el cadáver del padre y el niño despertó curado. Cuando el infante abandonaba la casa, pudo contemplar el cuerpo de su padre al que faltaban trece tiras de su piel y, a su lado, una sombra que emitía terroríficas carcajadas. El muchacho huyó de la casa y no dejó de correr hasta que llegó a la orilla del río, arrojando la llave de la casa a sus aguas y abandonando el lugar para nunca más volver. Allí quedan las ruinas del caserío, solitarias y víctimas todavía de la horrible maldición.

El navarro más universal

En Villaba, una villa que atravesamos justo antes de entrar en Pamplona, nació el navarro vivo más universal sin duda alguna. Nos referimos a Miguel Induráin, cinco veces campeón del Tour de Francia. Sin duda quienes estén realizando la peregrinación en bicicleta y todos los aficionados al ciclismo en general sentirán un agradable cosquilleo al pensar que por esas mismas carreteras entrenó durante años este fenomenal campeón y mejor persona.

La entrada a Pamplona

A la entrada a Pamplona, junto al puente de La Magdalena, existió un lazareto u hospital para leprosos. Muchos serán los ejemplos que encontremos en la ruta de este tipo de establecimientos y todos con la característica común de encontrarse siempre extramuros de la ciudad, sin duda para evitar el contagio de los habitantes

Por el Portal de Francia entra el peregrino a la ciudad propiamente dicha. Esta puerta es también conocida como Puerta de Zumalacárregui, ya que por aquí abandonó la ciudad en solitario el mítico coronel una oscura noche para ponerse el frente de las tropas carlistas durante el primer levantamiento de este movimiento dinástico.

Las ciudades dentro de la ciudad

Pamplona puede ser considerada una ciudad de ciudades en el sentido de que durante siglos convivieron en su trazado burgos de origen, época y población diferentes y en muchos casos enfrentados entre ellos y divididos por murallas internas. Todavía podemos observar los diferentes trazados en sus calles que delatan su historia. Así, en la Navarrería, el barrio más antiguo, es reconocible la estructura clásica romana sobre cardus y decumanus; en San Saturnino la original forma hexagonal de concepción románica; en San Nicolás, la forma rectangular en bastida propia del gótico.

Curiosidades del patrimonio de la ciudad

En la catedral se puede observar la cocina gótica de inmensas chimeneas en la que se cocinaban las raciones que reconfortaron durante siglos a los peregrinos. También las verjas fabricadas con el hierro obtenido de parte de las cadenas que Sancho VII el Fuerte trajo como botín de guerra de la batalla de Las Navas de Tolosa.

Ante el pórtico de la iglesia de San Saturnino una placa señala el pozo con cuya agua bautizó este obispo de origen francés a los primeros cristianos de Pamplona.

En el dintel de la puerta interior del Ayuntamiento, barroco, encontramos inscrito el hermoso lema “Patet ómnibus jauna, cor valde magis” (la puerta está abierta para todos, pero mucho más el corazón) que la tradición atribuye a Carlos III el Noble de Navarra

En el Museo de Navarra, entre muchas curiosidades, se encuentra la arqueta califal de Leire, delicado trabajo que según la tradición tuvo como objeto custodiar el Santo Grial en sus traslados sucesivos por tierras pirenaicas.

La Ciudadela, formidable construcción defensiva de los tiempos de Felipe II, fue escenario de un curioso episodio. En su historia sólo fue conquistada una sola vez; ocurrió el 18 de febrero de 1.808 y lo extraño del caso es que no se necesitó de armas ni derramamiento de sangre. Los soldados napoleónicos aparentemente se divertían lanzándose bolas de nieve y los defensores, confiados, abrieron las puertas para participar en la diversión, momento que aprovecharon los franceses para mostrar sus armas ocultas y conquistar la ciudadela.

Nuestra Señora del Río

Apareció una mañana un extraño bulto flotando sobre las aguas del Arga que pronto fue identificado por los vecinos de Pamplona como una talla de la Virgen María. Muchos intentos se hicieron de alcanzarla con pértigas y acercarla a la orilla pero la talla se mostraba esquiva y así cayó la noche y los vecinos, descorazonados, se retiraron a descansar. En ese momento las monjas agustinas del convento de San Pedro se acercaron a la orilla del río y, asombradas, contemplaron cómo la talla de la Virgen se acercaba a su vera y permanecía inmóvil junto a la orilla como si esperase que las hermanas la recogieran. Así lo hicieron y, en el momento en que la imagen atravesaba la puerta del cenobio, la abadesa, que se encontraba al borde de la muerte, sanó de inmediato. Desde entonces la imagen se custodia celosamente en el convento.

La adúltera burlada

Vivía en la vieja Iruña una hermosa mujer, orgullo de su esposo por sus virtudes y ejemplar comportamiento. Llegó a la ciudad un predicador franciscano que peregrinaba hacia Santiago y que, con su belleza casi femenina y su don de palabra, enamoró perdidamente a la dama. Esta, pasado un tiempo, no soportó la tentación y escribió una ardorosa misiva al fraile enviándola con uno de sus criados. La suerte hizo tropezar al criado con su señor, el esposo de la dama, y su nerviosismo lo delató. Enterado el señor del engaño, decidió seguirle el juego y escribió una respuesta poniendo en boca del fraile una correspondida pasión por la dama.

Entre carta y carta transcurrieron los días hasta que la dama propuso al fraile encontrarse ofreciendo su casa como lugar, ya que previamente el marido había simulado salir a una de sus propiedades por unos días. Llegada la noche definida para la consumación del pecado, acudió el esposo cubierto con un hábito franciscano y, ante las ofertas de la dama, sólo respondía “¡¡ Tentación, tentación!!” y se apartaba. No aguantando su deseo, la dama se echó en sus brazos y el fingido franciscano, sacando un garrote que llevaba oculto en su hábito, aporreó a la dama hasta dejarla adolorida y maltrecha.

Presentose el marido a la mañana siguiente encontrando a la dama en cama aquejada, según ella, de un horrible reuma en brazos y piernas. Le comunicó que esa misma noche había invitado al predicador a cenar y la mujer comenzó a increparlo. Divertido, el marido avisó al fraile de que su esposa estaba endemoniada y necesitaba que la exorcizase. En cuanto los dejó a solas en la habitación, la dama comenzó a lanzar improperios acompañados de arañazos por lo que el fraile creyó realmente estar ante un caso de posesión diabólica. Zafándose como pudo, la asperjó desde lejos con agua bendita. En ese momento entró el esposo y la dama, por no delatarse, se tranquilizó con lo cual el pobre franciscano creyó exitoso el exorcismo. Nunca reveló el marido nada del engaño ya que consideró suficiente el escarmiento. Y realmente lo fue, porque desde entonces la dama fue con él la más leal y cariñosa de las

El combate entre Carlomagno y Aigolando

Vuelve a aparecer la épica carolingia en los campos a la salida de Pamplona. Entre esta ciudad y el vecino pueblo de Cizur sitúa la leyenda la disputa entre Carlomagno y el gigante Aigolando, caudillo musulmán. Combates uno a uno, veinte a veinte, cien a cien y mil a mil preceden la definitiva confrontación entre los dos ejércitos que se salda con la victoria de Carlomagno y la muerte de cien mil soldados musulmanes que tiñen de sangre los campos de Pamplona y Cizur.

La Fuente de Reniega

En el término de Zariquiegui, en la subida al puerto del Perdón, el peregrino encuentra la Fuente de Reniega, donde según la tradición se apareció el diablo para tentar a un sediento peregrino ofreciéndole agua a cambio de renegar de Dios, la Virgen María y el apóstol Santiago. Superada la prueba por el peregrino el Apóstol premió su fe haciendo brotar en este punto un manantial de frescas aguas del que dio de beber al peregrino con su propia vieira.

El misterio de Obanos

En fechas estivales se celebra el “Misterio de Obanos” fiesta de Interés Turístico Nacional cuyo título completo es ‘Del martirio de Santa Felicia y la penitencia de San Guillén’. Se escenifica, con la participación de los vecinos, la leyenda del siglo XIV vinculada al Camino de Santiago de la joven Felicia y de su hermano Guillén, hijos de los Duques de Aquitania. Cuenta la leyenda que Felicia, doncella que quería seguir su vocación religiosa, se refugió con tal finalidad en el Señorío navarro de Amocáin (Valle de Egüés) hasta donde la persigue su hermano Guillén para requerirle que vuelva a la corte. Ante la negativa de Felicia, Guillén, arrastrado por la ira, le da muerte. Guillén alcanza el perdón divino y la santidad después de peregrinar a Santiago y llorar durante toda su vida el fratricidio en la ermita de Arnotegui, próxima a Obanos, donde consoló y socorrió a los peregrinos del Camino de Santiago.

Esta leyenda se repite a lo largo del Camino y en Finisterre también existe la tradición de que Guillermo de Aquitania terminó allí sus días como ermitaño en la ermita de San Guillermo Fisterrán.

Una misteriosa iglesia

Muy cerca de la localidad de Obanos, y cargada de misterio, se encuentra la Iglesia de Santa María de Eunate, románica del SXII sobre la que no existe documentación y origen definido que la hacen sea un lugar singular y emblemático del Camino de Santiago y cuenta con una importante carga esotérica, telúrica y misteriosa. Es un edificio cuya función fue cementerial y funeraria. Tiene estrecho parecido con el Sancti Spiritus de Roncesvalles y el Santo Sepulcro de Torres del Río, situadas muy cerca del comienzo y final del tramo navarro respectivamente, formando parte de un escalonamiento entre dichas capillas funerarias.

La leyenda del Txori

Puente la Reina debe su nombre al puente, “la linda puente” del Códex Calixtinus, mandado construir, según la mayoría de los eruditos, por la reina Doña Munia o Doña Mayor, esposa de Sancho el Mayor de Navarra. En la parte más elevada del puente existió una torreta cubierta que custodiaba una imagen de la Virgen. Se cuenta que un txori (pajarillo en euskera) acudía cada cierto tiempo y quitaba con sus alas las telarañas de la imagen y, mojando su pico en el agua, la limpiaba motivando exaltadas muestras de fervor religioso por parte de los vecinos que explotaban cohetes e incluso llegaban a correr novillos cuando esto ocurría.

Allá por 1.834, durante la I Guerra Carlista, el comandante de las tropas liberales que custodiaban la villa osó burlarse públicamente de lo que consideraba muestras de atraso y superstición, motivando un enfrentamiento con los vecinos que sólo pudo sofocar simulando un ataque de Zumalacárregui, haciendo tronar los cañones y deteniendo a los notables y cabecillas. Su derrota, detención y fusilamiento a manos de las partidas carlistas dos semanas después fue considerado por los vecinos castigo divino y afianzó la devoción de éstos en el “milagro del txori”.Años después la imagen fue trasladada a la parroquia de San Pedro, donde hoy la podemos venerar.

El Crucificado inamovible

En la iglesia del Crucifijo se puede admirar una magnífica talla gótica del Crucificado. Cuenta la tradición que esta imagen era portada por unos peregrinos alemanes para ofrecerla al apóstol en Compostela como acción de gracias por su intervención en una epidemia de peste que asolaba su ciudad. Llegado a este punto, no hubo forma humana de mover al Crucificado, que al parecer había decidido quedarse en Puente la Reina y ahí permanece desde el siglo XIV.

Otra versión asegura que uno de los peregrinos enfermó y tuvo que quedarse en esta ciudad. Cuando sus compañeros, ya de regreso de Compostela, lo encontraron ya repuesto dejaron el crucifijo como agradecimiento y pago por los cuidados que los monjes habían ofrecido al enfermo.

Ciudad jacobea desde su nacimiento hasta la actualidad

Puente la Reina es ejemplo paradigmático de lo que es un pueblo-calle surgido alrededor del Camino de Santiago, su actual Calle Mayor. Esta calle se situó y levantó de forma que periódicamente se limpiara con el flujo del río. Un último dato; quien escuche al anochecer 40 campanadas en el pueblo no se sorprenda, es un aviso a los peregrinos, hoy ya innecesario, de que cae la noche y la ciudad va a cerrar sus puertas

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La colegiata de Roncesvalles

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