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PEREGRINOS ILUSTRES

Posted by on 04/07/2012

Tras el obispo Teodomiro y el rey leonés Alfonso II el Casto, el primer peregrino lejano del que se tiene noticia es el obispo francés Gotescalco que decide en el año 951 recorrer la distancia entre Francia y la Finis Terrae para postrarse ante los restos apostólicos.

Gotelsaco (o Gotescalc), Obispo de Le Puy-en Velay

Es el primer peregrino ilustre del que hay constancia, en el año 950. En una época en que el ser obispo era más que un servicio eclesiástico un título nobiliario con todo lo que conllevaba, Gotescalco hizo el camino con su corte y sus caballeros. De ello ha quedado constancia por un curioso hecho.
En la riojana localidad de Albelda, muy cercana a Logroño, se encontraba el Monasterio de San Martín, con una excelente biblioteca y cuyo scriptorium tenía un reconocidísimo prestigio, como ocurría con otros monasterios riojanos, sirva como ejemplo el de Suso de San Millán de la Cogolla. La merecida fama de los monjes copistas y miniadores de este cenobio hizo que el obispo de Le Puy se desviara de su ruta a Santiago para encargar una copia de un códice guardado en la biblioteca albeldense: el libro de San Ildefonso de Toledo “Sobre la Virginidad de María”. De regreso a su tierra un año más tarde volvió al monasterio para recoger el manuscrito, que fue copiado por el célebre amanuense Gomesano, quien en el prólogo de la copia da constancia de este hecho. Este códice que fue mandado recopilar por Napoleón se encuentra hoy en la Biblioteca Nacional de Francia, en París.

Así abre las puertas al movimiento artístico que recorrerá el continente en un viaje de ida y vuelta. Corría el siglo x de nuestra era y, a partir de entonces, empiezan a viajar el arte, la arquitectura, la piedad, la fe, la gastronomía y el misterio que engendraron leyendas y cuentos. Las cocinas empezaron a bullir y se llenaron de imaginación para atender a cientos de caminantes desfallecidos y con los pies ensangrentados de tan penoso andar.
A partir de entonces, según precisa el Codex Calixtinus escrito en el siglo XII por el cluniacense Picaud por orden de Calixto II, empiezan a peregrinar hasta Santiago < >.

Aymeric Picaud

Uno de los peregrinos más conocidos en la Ruta Jacobea es el monje francés Aymeric Picaud, autor de la “Guía del peregrino de Santiago de Compostela” escrita hacia el año 1140 e incluída en el libro V del “Codex Calixtinus”, también llamado “Liber Sancti Jacobi”.
Esta obra de Picaud está considerada como la primera guía turística del mundo e incluye un pormenorizado y exacto estudio de la Ruta Jacobea, con una visión muy particular y nada favorable de los pueblos ibéricos que atravesaba el Camino. Reflejó muchos detalles anecdóticos, descripciones de pueblos, avisos de peligros…
El religioso francés dividió el itinerario, a través del ” Camino Francés”, en trece etapas perfectamente delimitadas, cada una de las cuales debía hacerse en vario días, según “el ánimo de cada grupo de peregrinos”, a razón de unos 35 kilómetros diarios a pie, o casi el doble si se hacía el Camino a caballo. Señaló las distancias entre pueblos, los santuarios y monumentos del trayecto, e incluyó observaciones sobre gastronomía, potabilidad de las aguas, carácter de las gentes y costumbres de los pueblos. Una guía realmente completa y muy “moderna” para la época.
Picaud también aborda en su obra el poder curativo del Apóstol Santiago, que según él procedía de un don concedido por Dios a los apóstoles. Con esta afirmación lo que pretendía era promocionar el santuario de Compostela, y para ello se ayudó de la narración de algunas enfermedades curadas por Santiago, afirmando que “devolvía la vista a los ciegos, el habla a los mudos, la vida a los muertos y curaba a las gentes de toda clase de enfermedades para gloria y alabanza de Cristo”.
Así mismo, el monje relata en su guía la historia del descubrimiento del cuerpo de Santiago en tierras gallegas, una narración que hoy en día es la más extendida. Sitúa Picaud el prodigioso hecho en Iria Flavia el año 813, bajo el reinado de Alfonso II, el Casto, en el Reino Astur y Carlomagno en Occidente (la realidad histórica indica que Alfonso II por esos años si gobernaba, pero Carlomagno ya había fallecido).
El primer peregrino en realidad fue un español, el monarca leonés Alfonso II el Casto, quien en el año 813 había acudido a la llamada del obispo Teodomiro al ser descubiertas las luces misteriosas y el pétreo sarcófago bajo ellas. Dice la Historia Compostelana.
< >.

Alfonso II El Casto

Alfonso II el Casto, rey de Asturias (791-842) fue un personaje fundamental en la historia de la Ruta Jacobea. La leyenda le sitúa en el Camino cuando tuvo noticia del hallazgo del cuerpo del Apóstol. El Rey acudió entonces a Iria Flavia con sus nobles y mandó erigir allí la primera iglesia dedicada a
En el lugar del santo hallazgo se instaló una pequeña comunidad de agustinos que constituyó el primer núcleo de lo que más tarde sería Compostela. El mismo Alfonso II dio cuenta del prodigioso suceso a Carlomagno, y la noticia se propagó entonces con rapidez por toda Europa.
Esto es lo que se relata en el Códex Calixtinus escrito por Aymeric Picaud. La realidad coincide con la leyenda en el hecho de que Alfonso II ordenó la construcción de un templo dedicado al Apóstol. El resto, es fruto de la imaginación. Para el Rey, el descubrimiento del sepulcro del Apóstol Mártir fue un hecho muy importante no solo en el aspecto religioso, sino militar.
En el primer tercio del siglo IX, la invasión musulmana estaba prácticamente consolidada y únicamente los reinos del norte se resistían a su dominación. Alfonso II, al contrario que sus antecesores era partidario de reanudar la guerra contra los árabes. El hallazgo de los restos de Santiago, fechados hacia el año 830, supuso encontrar también el elemento necesario para unir a los reinos cristianos en la lucha contra el enemigo invasor.
Así surge la figura de un Santiago que de pacífico apóstol de Cristo se convierte en guerrero que aplasta con su caballo los cuerpos de los moros y degüella sus cabezas espada en mano. Un santo que, según la tradición, presidirá las más importantes batallas de la Reconquista, ayudando a superar el complejo de inferioridad que aquejaba a los pueblos cristianos. Estos, poco a poco, van recuperando sus dominios y convierten a Compostela en el principal foco de atracción espiritual del Reino astur-leonés, y poco después de toda Europa.

Después del monarca y de Gotescalco, la lista de peregrinos insignes y desconocidos es larga a través de la Historia. En el 956 consta que peregrinó a Compostela el conde Fernán González, creador de Castilla, acompañado de donDamián primer abad del monasterio, y de Sancho I el Craso. Fernando I fue dos veces en el año 1065, para pedir ayuda al santo antes de sitiar Coimbra y después para agradecerle su conquista. En el año 1034 había peregrinado el caballero normando Roger I de Mosny, uno de los más importantes adalides cátaros, y en 1063 llegó a la tumba del apóstol Guillermo el Conquistador, montando el mismo caballo que tres años después llevaría en la famosa batalla de Hasting.

Rodrigo Díaz de Vivar “El Cid”

Según el Romancero castellano, Rodrigo Díaz de Vivar, más conocido como “El Cid Campeador”, el gran héroe popular cristiano, fue uno de los ilustres peregrinos que llegaron a Compostela a postrarse ante el Apóstol Santiago.
Aunque este dato no está confirmado. La ubicación de El Cid en el Camino es fruto de numerosas leyendas jacobeas surgidas tras su muerte. En estas narraciones se sitúa al héroe castellano en la Ruta defendiendo a los peregrinos de los ataques musulmanes. Rodrigo Díaz de Vivar nació en Burgos el año 1040 y falleció en Valencia el año 1099. Su conocido sobrenombre se lo dieron los musulmanes que le dieron el título de seid o cid (señor, jefe) llamándole “Mío Cid” (Mí Señor).
Los cristianos por su parte le llamaron “El Cid Campeador” (el señor victorioso) por sus victorias. La leyenda de sus hazañas ha ensombrecido la realidad histórica de este caballero valiente. Los relatos literarios son tantos que, sin ninguna razón, han llegado a poner en duda su existencia real e histórica.
El Cid real, no el gran héroe retratado en el mítico “El cantar del mío Cid”, era un mercenario que luchaba al lado de quien le pagara, tanto cristianos como árabes, un guerrero sin patria. Aunque esta visión desmitificadora de Rodrigo Díaz de Vivar tampoco puede creerse por completo, las fuentes de las que procede esta negativa visión es de historiadores musulmanes de la época.
Totalmente diferente es el Cid del romance “El cantar del mío Cid”, leyenda, y balada, donde se le describe como generoso con sus amigos, marido y padre afectuoso; soldado valeroso; conquistador noble, magnánimo con los vencidos, firmemente fiel a su país y su rey; el hombre cuyo nombre y hazañas se sigue admirando hoy en día. Y cuya figura, a pesar de los siglos aún sigue muy presente entre los españoles.
Es muy difícil encontrar a alguien que no sepa quien es el Cid Campeador, y no hay muchas figuras históricas que puedan presumir de lo mismo. Claro que esto se debe en gran medida al romance que narra su vida, una de las obras más importantes de la literatura española.

Otros peregrinos ilustres

En 1096 se postra ante el sepulcro Raimundo de Borgoña, esposo de doña Urraca y padre del futuro rey de Galicia Alfonso Raimúdez, que ya gozaba de la amistad del obispo Gelmírez. A finales del siglo XI consta en las crónicas que llegó al templo el conde Allard desde Flandes, quien a su regreso fue asaltado por ladrones en el monte Aubrac, en el departamento franco de Auveron donde fundó una hospedería con su nombre para evitar sorpresas a otros peregrinos y que regentó personalmente hasta su muerte. En el mismo siglo cubre el Camino la reina Petronila.

Ya en el siglo XII constan otros peregrinos destacados: Guillermo de Poitiers, que murió al llegar a Compostela en 1137, fue enterrado en la catedral y generó la leyenda del misterioso don Gaiferos, que se supone es el propio Guillermo. San Luis VII de Francia llega en 1154, acompañado de Ramón Berenguer IV, conde de Barcelona. En 1149 se postró ante el sepulcro la infanta doña Sancha acompañada de su capellán el canónigo Pedro Arias o Pedrarias. Veinte años antes lo había hecho Matilde de Inglaterra, hija de Enrique I, ya viuda a sus veintitrés años de Enrique V de Alemania.

En los siglos XI y XII es larga la lista de monarcas que peregrinan a Compostela, entre ellos Alfonso VI, Ramiro I, Ramiro II, Alfonso IX de León que asiste a la consagración de la nueva catedral. Entre los caballeros ilustres de esta época hay que reseñar a varios alquimistas, entre ellos Raimundo Lulio, que llegó a la basílica en 1267. En 1212, mientras en Sevilla se construía el más alto minarete almohade que llamarían la Giralda, llegaban a Santiago el duque Leopoldo de Austria, elarzobispo Gillermo II de Burdeos y el obispo Godofreo de Nantes con pocos meses de diferencia. El rey de Jerusalén, el templario Jean de Brienne, tomó el bordón de peregrino en Tours el 3 de marzo de 1224, según las crónicas. Pero no llegó hasta la basílica compostelana porque en Burgos, donde hizo un alto en su peregrinación, aceptó matrimoniar con doña Berenguela, hija de Alfonso IX. Es uno de los datos que explican que el rey de España siga ostentando la corona del rey de Jerusalén.

En 1270, Alfonso de Poitiers, al partir para las cruzadas, estableció en su testamento que < >. La vela sigue ardiendo día y noche. Durante siglos, las cuentas de los senescales reales registraban veinte libras de parte del hermano cabildo de la basílica compostelana como < >. No fue la única donación de la corona francesa. Carlos V de Francia añadió la restauración de la capilla axial del Salvador que pasó a llamarse Capilla de los Reyes de Francia y Luis IX donó una gran campana para la catedral. En el siglo XIII también consta la peregrinación de Eduardo I de Inglaterra cuando era príncipe de Gales y su país se mantenía aún bajo la autoridad religiosa de Roma.

En 1340 llega al sepulcro compostelano santa Brígida acompañada de su esposoWolfgang de Nericia y en 1326 había llegado santa Isabel de Portugal, nieta de Federico II y de Jaime el Conquistador y viuda de Don Dinis de Portugal, que recorrió a pie la distancia entre el Pico Sacro y la basílica y ofreció al cabildo < >.

La reina portuguesa volvió en 1335 a pie desde su país y pobremente vestida. Sobre su sepulcro en Coimbra la estatua yacente muestra tallado en piedra el bordón de peregrina que recibió de manos del obispo compostelano y al que se le atribuyen propiedades milagrosas.

No todas las llegadas de nobles fueron pacíficas y piadosas. En 1384 llegó desde Inglaterra el duque de Lancaster que partió de Brest para invadir A Coruña. La ciudad coruñesa fue defendida por sus ciudadanos de los ataques de las mesnadas del inglés, con la ayuda de peregrinos que conocieron el asedio al llegar a Santiago. La defensa resultó insuficiente porque A Coruña cayó en manos del de Lancaster, que luego peregrinó pacíficamente hasta la tumba del apóstol con su familia.

En el siglo XV consta la peregrinación de Juan II, del conde Gaspar de Cili, yerno de Segismundo de Alemania, con sesenta caballeros en monturas enjaezadas al estilo de la caballería andante. También consta la llegada en 1415 de un peregrino llamadoJacques Brente o Breute, que decía venir del mítico reino del Preste Juan, país imaginario del Medio Oriente que algunos sitúan en la Jerusalén conquistada donde se asentó el Gran Maestre del Temple. Brente llevaba por todo equipaje un breviario den lengua caldea y unas monedas, montaba un mulo de < >. Al término de su peregrinación retornó a su país por Siciliasegún cuenta Goichoechea en sus ‘Rutas jacobeas‘. El episodio más aventurero de este siglo fue el del caballero de Bohemia León de Rosmithal de Blatna, cuñado del rey de Bohemia, que el 26 de noviembre de 1465 sale de Praga con cuarenta acompañantes y más de cincuenta cabalgaduras. Llegó a Compostela en agosto del año siguiente y encontró la catedral convertida en fortaleza en pie de guerra, defendida por la madre del arzobispo compostelano a quién había hecho prisionero el regidor de la ciudad Bernal Yáñez de Moscoso en una de las muchas refriegas entre los señores feudales, los irmandiños y la prelatura. Los peregerinos bohemios consiguieron entrar en el templo para cumplir su voto, no sin antes descalzarse y abandonar sus armas. Una década después llega como peregrino Fernando el Católico, que había ordenado perseguir con rigor a los señores gallegos que asaltasen a los peregrinos. Y en 1495 llega el monje germano Herman Küning de Vach que, a su regreso, escribe una guía para los peregrinos normandos y sajones.

La duquesa de Borgoña estableció, en su Libro de Horas, que abril y septiembre eran los meses mejores para el peregrino porque partía, así, con buen tiempo y regresaba antes de la vendimia y de los primeros fríos.

Las peregrinaciones aumentaron a partir del s.XII cuando Guillermo de Aquitania fue acusado de hereje por san Bernardo de Claraval. El duque peregrinó a Compostela para demostrar su inocencia y murió en el interior de la basílica, tras haber confesado el mismo día que llegó, que era Viernes Santo. Su muerte se consideró ejemplar y la noticia hizo aumentar las caravanas hacia Compostela. También ayudaron a propagar la peregrinación los alquimistas que acudieron en busca de la perfección y el conocimiento.
Sabios como Nicolás Flamel, Raimundo Lulio, Arnau de Vilanova, Roque Gaillade o Ruperto de Cisaperegrinaron hasta la tumba del Hijo del Trueno y del Fuego, el Boanerges al que consideraban su protector.
En el siglo XVI, uno de los acompañantes que llegaron a España en 1502 con Felipe el Hermoso, prometido de doña Juana, hija de los Reyes Católicos, decidió abandonar el séquito principesco y cumplir voto de peregrinación. Fue Antoine de Lalaing, señor de Montigny, que cubrió andando el Camino desde Burgos hasta Compostela pasando por Oviedo. En enero de 1510 llegó Gonzalo Fernández de Cordoba, el Gran Capitán, que fue recibido por el arzobispo Alonso III Fonseca a quien obligó a leer un documento en el interior del templo reconociendo públicamente que < >. El militar regaló una lámpara de plata con sus armas grabadas que aún hoy se enciende, como él pidió, cada mes de agosto en su memoria.

El 25 de julio de 1544 don Álvaro de Bazán, marqués de Santa Cruz, llegó como peregrino para agradecer al apóstol su victoria sobre los franceses y en 1554 Felipe II confesó y tomó la comunión como peregrino antes de partir para casarse en Winchester con la reina inglesa.

Felipe II

No todos los peregrinos que han pasado por el Camino de Santiago son o ha sido gente anónima. A lo largo de su historia la Ruta ha sido testigo del peregrinaje de gente ilustrísima, incluidos miembros de casa reales como: Matilde, hija del rey de Inglaterra Enrique I en 1125; Guillermo X, duque de Aquitania, en 1137; Alfonso VII en 1138; el rey de Francia, Luis VII, en 1154, y en 1325, Santa Isabel de Portugal.
Pero no han sido los únicos, a lo largo del Camino se pueden encontrar edificaciones en las que aparece una placa recordando el paso por ese pueblo de algún personaje destacado. Es el caso de Ligonde, en Lugo, donde se asegura que paró a descansar durante su peregrinaje Felipe II, Rey de España.
Este poderoso rey llegó a gobernar más de la mitad de Europa occidental, toda América al sur de río Grande, las islas Filipinas y otros territorios de Asia. Empezó a gobernar España, en nombre de su padre ausente Carlos V, en 1543, cuando contaba 16; más tarde, en 1554, se convirtió formalmente en el gobernador de media Italia y, mediante matrimonio, de Inglaterra; por último, en 1556 pasó a gobernar todas las posesiones de Carlos V, muerto en 1558.
Durante todos los años de su mandato, hasta su muerte en 1598, tuvo serios problemas con el gobierno que nunca pudo resolver. Dado lo vasto de su imperio se tuvo que enfrentar en numerosas ocasiones a los levantamientos de los estados bajo su control. España tampoco era fácil de regir. La división de la península en autonomías cada una con sus propias leyes e instituciones le supuso más de un quebradero de cabeza, le limitaba mucho a la hora de gobernar.
Se casó en cuatro ocasiones, con la princesa María de Portugal, que falleció joven; con María Tudor, reina de Inglaterra; con Isabel de Valois, y finalmente con su sobrina veinte años más joven, Ana de Austria, con la que se dice fue muy feliz.

En 1609 Jacobo Sobieski, padre de Juan III de Polonia, peregrinó a Santiago para agradecer la independencia de su país del poder del Gran Turco, y viajó acompañado de una corte en la que figuraba un cronista que tomó buena nota de los incidentes de la peregrinación. Treinta años después, gracias a estas notas el propio Jacobo escribió una crónica en la que calificó de < > su paso por Asturias y León.François de Vic, señor de Rieux, quiso agradecer peregrinando en 1612 el hecho de haber sido liberado tras nueve años en galeras del Gran Turco. Y en 1613 el caballero irlandés O’Sullivan, conde Biraven, decidió quedarse en Santiago con sus nobles hasta el fin de sus días, y escribió a Felipe III agradeciéndole la creación del Seminario de Santiago para hijos de nobles escoceses enviados anteriormente como rehenes por la corona inglesa.

Cosmo de Médicis llega a Santiago el 3 de marzo de 1669 y el cronistas de su séquito criticó el lluvioso clima compostelano: < >. La ciudad le resultó desagradable al de Médicis, que comentó escandalizado la costumbre de abrazar por detrás el busto del apóstol. La susceptibilidad del florentino estaba a flor de piel. Lo único que le gustó fue, al parecer, el gigantesco botafumeiro de plata de la basílica.

Hay que referir dos anécdotas más de reales peregrinos. Luis XI de Francia, el primer < >, ofreció al templo compostelano material para fundir dos campanas. Pero dice la leyenda que, una vez fabricadas, no pudieron ser utilizadas porque < >. Y el 22 de junio de 1719 llegó al templo, < > según archivos catedralicios, el destronadoJacobo III de Inglaterra y VIII de Escocia, que había recorrido toda Europa pidiendo ayuda para recuperar el trono. Sólo le quedó el recurso de apelar al apóstol que no pareció escucharle.

Hay que recordar, que el voto hecho por Ramiro I ofreciendo su reino al apóstol, tras la batalla de Clavijo, lo han respetado sus sucesores en el trono de España hasta el día de hoy. Tan sólo se suspendió la tradición durante la Segunda República española pero volvió a implantarse una vez finalizada la guerra civil. Igualmente estableció el monarca que los reinos de España costeasen el mantenimiento de la catedral y del cabildo, pero las Cortes de Cádiz acabaron con esta tasa en 1812.

Cabe reseñar también que el único rey cristiano que nunca pudo peregrina a Compostela, a pesar de las falsas crónicas de su admirador y poco fiable biógrafo el obispo Turpín, fue < > Carlomagno. El sepulcro fue descubierto en el año 813 y la noticia tardó muchos meses en divulgarse. El < > murió justo un año después, en el 814. Por tanto no tuvo tiempo de organizar peregrinación alguna si es que llegó a conocer el milagroso descubrimiento, diga lo que diga Turpín cuaya crónica ha sido apodada como la Pseudo-Turpín.

En la era moderna

Luis Carandel (Periodista)

Uno de los personajes que ha visto el Camino ha sido Luis Carandell, conocido periodista y escritor nacido en Barcelona en 1929. Fruto de esta experiencia han surgido de su manos dos libros: “El Camino de Santiago”, 1991, y “Ultreia: historias y leyendas, gracias y desgracias del Camino de Santiago”, 1998. También ha dado conferencias en torno al tema, como la concedida en la Asociación de Amigos del Camino de Santiago de Logroño. En ella, Carandell abordó el sentido histórico y cultural de la ruta a lo largo de su existencia, lo que significó para los pueblos que la bordean, así como los acontecimientos más relevantes de que ha sido protagonista a lo largo de su milenaria historia.
El tema abordado en esta conferencia lo trata en su mencionado libro”: “Ultreia: Historias y leyendas…”, aquí bajo el lema “Ultreia” -grito de alegría que pronunciaban los peregrinos al llegar al final de la Ruta-, este periodista de fino sentido del humor, relata sus aventuras durante el recorrido por el mítico Camino de Santiago. Con su habitual estilo ameno, humorístico e irónico descubre todos los aspectos que un viajero puede encontrar y necesitar en un trayecto tan grande e intenso. Describe y analiza los lugares por donde transcurre la Ruta Jacobea y relata las leyendas populares que guardan en la memoria los lugareños. Narra también, la accidentada entrada en la Catedral de toda una ingente cantidad de peregrinos con el mismo objetivo.

No es éste el único libro escrito por este reconocido periodista. Cuenta en su haber con un buen número de obras entre las que se encuentran: “Vivir en Madrid”, “Vida y milagros de monseñor Escrivá de Balaguer”, “Los españoles”, “Celtiberia Show”, “Se abre la sesión”, “Tus amigos no te olvidan”, Ultreia”, “Las habas contadas” y su libro de memorias “El día más feliz de mi vida, las memorias de Luis Carandell”.

Disfruta además Carandell, de una de las distinciones sociales más importantes de España La Medalla de Oro al Mérito al Trabajo, fruto de cincuenta años dedicados al periodismo, en los que ha trabajado en Prensa, Radio y Televisión. Ha sido corresponsal en Egipto, Japón, la antigua Unión Soviética y otros países del Próximo Oriente, y como enviado especial ha estado presente en importantes acontecimientos de nuestro tiempo.

Shirley MacLaine(Actriz)

No podía faltar en el Camino de Santiago una ilustre mujer como Shirley MacLaine, consagrada actriz protagonista de deliciosas comedias sentimentales como “Irma la dulce” (1963), y ganadora de varios premios como un Oscar en 1984, varios Emmys y Globos de Oro. En los últimos años vive más volcada en su mundo espiritual que en proyectos cinematográficos. Es autora además de varios best-sellers.
En 1994 se la descubrió realizando el camino, confundida con el resto de los peregrinos. La estrella inició la Ruta Jacobea desde Francia para afrontar una crisis personal. Caminaba unos 20 kilómetros al día, charlaba con otros peregrinos, visitaba iglesias y se alojaba en las posadas. 
Fruto de este viaje, nació su obra “El Camino, un viaje espiritual”, donde nos ofrece su singular visión de este itinerario a través de dos niveles, el físico y el espiritual. En este libro se puede comprobar el significado que tuvo para ella su peregrinación: ” El camino de Santiago de Compostela es una peregrinación famosa en todo el mundo que lleva siglos haciéndose.
Dicen que el Camino se encuentra directamente debajo de la Vía Láctea, y que sigue líneas que reflejan la energía de los sistemas estelares suspendidos encima de él… El Camino de Santiago ha sido recorrido durante cientos de años por santos, pecadores, militares, inadaptados, reyes y reinas. El viaje se hace con la intención de encontrar el más profundo significado espiritual del ser y tomar decisiones respecto a los conflictos interiores…
Durante mi viaje hacia el oeste a lo largo del Camino, tuve la sensación de estar retrocediendo en el tiempo hasta el lugar donde empezaron las experiencias que han hecho de mí y de la raza humana aquello que somos ahora”. Y es que en el trascurso de su viaje revivió experiencias de vidas anteriores, se recordó, por ejemplo, como una muchacha mora en la época de Carlomagno.

Sánchez Dragó (Escritor)

Fernando Sánchez Dragó recorrió el Camino de Santiago en un Citröen “Dos caballos” entre octubre y diciembre de 1971, mientras preparaba su “Gárgoris y Habidis”.
Al finalizar el viaje se prometió a sí mismo repetirlo a pie, pues “para conocerlo en profundidad hay que sufrirlo”, pero no lo ha hecho.
De aquella experiencia fue recogiendo datos, historias, vivencias, muchas de las cuales vertió en su celebrado “Gárgoris y Habidis”, un ensayo con 30 ediciones. Aquel material, sumado a posteriores investigaciones, dio como fruto “Historia mágica del Camino de Santiago” (Planeta), una ruta que supone “la mayor mentira que ha fabricado la Iglesia Católica en lo tocante a la península Ibérica”, según su autor.
El libro, dijo Sánchez Dragó, “intenta dar a conocer las mentiras que parecen auténticas y rescatar aquellas verdades que han quedado escondidas entre tanta hojarasca”. De todas estas supuestas falsedades “hay que mencionar la misma historia del Apóstol Santiago, quien nunca estuvo en España ni tampoco empuñó su espada para ponerse de parte de los Ejércitos cristianos”. Sostuvo que la Iglesia “utilizó y sigue utilizando el Camino como propaganda de su doctrina y con fines, en ocasiones, más materiales que espirituales”.
Para él, “la picaresca es uno de los grandes ‘leiv-motiv’ de la ruta”. Entre las verdades que hay que rescatar, habló de la búsqueda espiritual, una necesidad que nunca caduca: “Como itinerario interior, como reencuentro con uno mismo”, afirmó.

Anthony Quinn (Actor)

Anthony Quinn asegura que está “aprendió mucho” con su participación en la serie sobre el Camino de Santiago
Su robusta figura no admite confusión: Anthony Quinn descuella por encima de sus compañeros de reparto. Y no sólo por su altura; su participación en históricas películas (Zorba el Griego) lo convierten en una estrella de larga luz, cuya ciclópea estampa es reconocida en medio mundo. El rodaje sobre el Camino de Santiago se detuvo en La Rioja y Quinn, hombre de rotunda afabilidad, reconocío que este trabajo le “enseñó mucho”.
Suma ochenta y cuatro años, pero parece un anuncio ambulante de ginseng: su vitalidad desborda. Hombre de larga fama y formidable estampa. Como un gigante bondadoso, Quinn soporta la atracción de los medios informativos y del público, sabedor de que su nombre sigue despertando admiración y -sobre todo- bellos recuerdos.
En la época más dorada del cine americano, este hispano rotundo se atrevió a romper el férreo corsé hollywoodiense y logró inscribir su nombre con letras muy gordas en los carteles de algunas películas magníficas. Papeles de hondo impacto, como los representados en Zorba el Griego, Lawrence de Arabia o Las sandalias del pescador, justifican que su apellido aún perdure en el recuerdo de los aficionados al cine.
Quinn recorrió el Camino en 1999. Pero no lo hizo como un peregrino más: su periplo simula el supuesto (e inacabable) viaje de un hombre misterioso e inquietante, Félix Foulé. Un individuo cuya historia ha cautivó al actor hispano: “Se trata -explica- de un personaje que tiene muchos años; tantos que, al final, una niña me pregunta cuánto llevo en el Camino y yo respondo que una eternidad”.
El rodaje siguió la Ruta Jacobea, un espacio que era desconocido para Anthony Quinn, que recibió las primeras noticias sobre la importancia del Camino de Santiago al leer el guión: “No sabía nada sobre él, pero aprendí mucho”. Quinn pondera, sobre todo, “la riqueza de los lugares por los que pasamos”; unos sitios que sorprendieron al actor por “la cantidad de vírgenes y santos que hay por toda la Ruta”.
En la compartió protagonismo con su hijo Lorenzo, al que no dejó de alabar: “Es un actor fabuloso; me encanta trabajar con él”.
Pese a que la nómina de actores enrolados en la aventura jacobea creada para Antena 3 mareaba por su esplendor (Quinn, Anne Archer, Echanove, Pepe Sancho, Loles León, Joaquim de Almeida, Charlton Heston), el principal protagonismo recayó en dos cómicos europeos: la alemana María Schrader y el italiano Massimo Ghini.

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